Domingo 28 de junio
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca (v. 103).
| La escritura de hoy: Salmo 119:97-104 | Arthur Jackson escribe: |
Si quieres hacer sonreír a Jaime, pregúntale por sus abejas. Es apicultor. Aunque nuestras reuniones en su casa no son sobre abejas, no es raro que las lecciones de «apicultura» sean una parte estimulante de nuestras conversaciones. Pero aún mejor que hablar de abejas es el sabor fresco y dulce de la miel dorada que producen sus abejas. ¡Mmm, mmm, deliciosa!
En el Salmo 119:103, el salmista exclama: «¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca». Un examen más detallado de los versículos 97 a 104 revela que la comparación con la dulzura de la miel es solo una de varias frases que el escritor utiliza para resaltar el valor supremo de las Escrituras: «Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos» (vv. 98-100). En resumen, abrazar de todo corazón lo que Dios ha revelado a través de su Palabra nos posiciona para vivir bien en este mundo.
De manera similar, los seguidores de Jesús, el Verbo viviente (ver Juan 1:1-14), reciben poder del Espíritu Santo para vivir honrando a Dios y cumpliendo sus propósitos.
Reflexiona y ora
¿Cómo puedes saborear mejor las palabras escritas de la Biblia? ¿Qué experiencia ha sido particularmente dulce en tu andar con Jesús?
Jesús, he visto y saboreado que tú y las Escrituras son buenos. Quiero amarte más y más.
Lunes 29 de junio
… somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre (v. 10).
| La escritura de hoy: Hebreos 10:1-10 | John Blase escribe: |
A medida que la Guerra Civil Estadounidense se prolongaba, ambos bandos recurrieron al reclutamiento obligatorio. Según la ley confederada, un reclutado podía evitar el servicio contratando a otro hombre para que lo reemplazara; en su mayoría, alguien menor o mayor que la edad requerida. Generalmente, el «principal» (como se llamaba al que evadía el reclutamiento) pagaba una tarifa al gobierno y una suma grande a su sustituto. Solo los ricos podían costear un reemplazo.
El apóstol Pablo escribe sobre una guerra espiritual cósmica, donde «todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23) y «la paga del pecado es muerte» (6:23). No había cláusula ni escapatoria que permitiera que los que tenían «recursos» evitaran el juicio. Pero ¿y si hubiera un sustituto para todos nosotros? El autor de Hebreos alaba a Dios quien, en su infinita misericordia, envió a Jesús para ser nuestro sustituto: cargar con el castigo que merecía nuestro pecado y pagar nuestra deuda «mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre», de modo que fuéramos «santificados» (Hebreos 10:10).
Esta es la buena noticia. Cristo murió por ti y por mí; el sustituto tomó nuestro lugar. Ahora somos más que simples sobrevivientes de la guerra: nos convertimos en hijos de Dios.
Reflexiona y ora
¿Cómo te hace sentir comprender que Jesús murió en tu lugar? ¿Cómo podrías explicarle esta buena noticia a algún amigo?
Jesús, te alabo por ser mi sustituto.
Martes 30 de junio
Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios… (v. 7).
| La escritura de hoy: 1 Corintios 3:1-9 | Patricia Raybon escribe: |
Cuando Lam Wai Chan se mudó desde su Singapur natal para pastorear una iglesia en Japón, entró en pánico. La iglesia apenas tenía veinte miembros. En una nación conocida como «cementerio de misioneros», donde aproximadamente el uno por ciento de la población es cristiana y muchas iglesias están vacías, Lam sintió que «estaba tomando el mando de un barco que se hundía». Al clamar a Dios, percibió su respuesta: «Entrégame la iglesia».
En lugar de «modernizar» la adoración o la música, les pidió a los miembros que oraran por sus familiares y amigos que no conocían a Jesús. Poco a poco, la congregación se duplicó.
Su oración fiel es un modelo bíblico viviente de cómo construir una comunidad en Jesús. Primero, ora. Pablo escribió: «sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias», sin preocuparse por nada (Filipenses 4:6). De esta manera, le entregamos nuestros ministerios, iglesias y programas a Dios. Podemos plantar semillas y regarlas, pero como dijo el apóstol: «ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento» (1 Corintios 3:7). Y agregó: «nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (v. 11). Entreguemos nuestras iglesias a Él en oración. Luego, observemos cómo crecen.
Reflexiona y ora
¿Qué pone a prueba tu trabajo para construir una comunidad en Cristo? ¿Cómo puedes entregarle el esfuerzo a Dios?
Dios, haz crecer a tu iglesia.
Miércoles 1 de julio
El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Juan 6:56
| La escritura de hoy: Lucas 22:14-23 | Kirsten Holmberg escribe: |
«Un placer alcanza su plenitud solo cuando es recordado». Así describe un personaje en Más allá del planeta silencioso, de C. S. Lewis, la alegría que surge al rememorar experiencias valiosas. Aunque está bien deleitarnos en un paisaje sobrecogedor o al compartir un hito importante con un ser querido, lo que sentimos puede ser un simple placer inicial. A menudo, la reflexión posterior multiplica el gozo de haber vivido esos momentos.
Quizá también por eso, Jesús instruye a sus discípulos a participar regularmente de la Cena del Señor. Al compartir la cena de la Pascua con ellos la noche antes de su muerte, le dio un nuevo nivel de significado al describir el pan sin levadura y el «fruto de la vid» como símbolos de su cuerpo y su sangre. Sus discípulos debían compartir esa comida con regularidad, «en memoria de [Él]» (Lucas 22:18-20).
Al celebrar la Pascua, el pueblo judío recuerda cómo Dios lo liberó de Egipto (Éxodo 12:17). Al participar de la Cena del Señor —una conmemoración solemne, pero también gozosa—, quienes confían en el sacrificio de Jesús vuelven a contar cómo Dios los liberó de las consecuencias del pecado. Al participar regularmente, practicamos «permanecer» en comunión con Jesús (ver Juan 6:56) y saboreamos el placer de nuestra unión con Él.
Reflexiona y ora
¿De qué manera recordar es parte de tu adoración a Dios? ¿Qué podrías recordar hoy sobre su obra en tu vida?
Padre, ayúdame a recordar tu obra por mí.
Jueves 2 de julio
… ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. Eclesiastés 4:10
| La escritura de hoy: Eclesiastés 4:9-12 | Dave Branon escribe: |
En 1869, comenzó la construcción del Puente de Brooklyn en la ciudad de Nueva York. Poco después, el ingeniero jefe Washington Roebling se enfermó gravemente. Su esposa, Emily, intervino para ayudar. Estudió sus planos, revisó especificaciones e instruyó a sus asistentes. Apoyó a su esposo en todo lo que pudo, y cuando el puente se inauguró en 1883, ella lo cruzó en el primer carruaje. Su esposo elogió el «talento extraordinario» de ella y «su profundo conocimiento del trabajo y de los planos».
Ese trabajo en equipo es hermoso; el secreto de las tareas más significativas de nuestra vida. Salomón explicó en Eclesiastés la base del trabajo colectivo: «Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero» (4:9-10). Y Pablo dijo que debemos considerar el trabajo en equipo como clave para la obra de la iglesia: «son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo» (1 Corintios 12:20). Y explicó que no debe haber «desavenencia en el cuerpo» (v. 25), sino que todos deben servir juntos y cuidarse.
En nuestro trabajo, familia o iglesia, nadie está solo. Nos necesitamos cuando alguno tropieza y al combinar nuestros talentos. El trabajo colectivo es vital para cumplir lo que Dios quiere que hagamos.
Reflexiona y ora
¿Cómo puedes unirte a otros para llevar a cabo la obra de Dios? ¿Cómo te ayudó un compañero de equipo en el servicio a Cristo?
Dios, gracias por guiarme a servirte junto con otros.
Viernes 3 de julio
… los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas… Isaías 40:31 (rva- 2015)
| La escritura de hoy: Isaías 40:25-31 | Nancy Gavilanes escribe: |
La mujer subía con cautela cada escalón de la iglesia para el servicio de esa noche. Cuando se detuvo por el dolor o la falta de aire, un hombre que pasaba le dijo: «Un paso a la vez. Es la única manera de lograrlo. Tómalo con calma». Su intención fue animarla, y quizá le dio el impulso que necesitaba para llegar hasta arriba. Eso también alentó mi alma cansada durante mi visita aquella noche.
En nuestro andar de fe, podemos ser tentados a abandonar cuando el sendero parece demasiado largo o difícil. Pero en esos momentos, podemos hallar consuelo en las palabras del profeta Isaías para confortar a los israelitas: Dios finalmente los redimiría de sus décadas de cautiverio en Babilonia. Y les recordó que el Dios todopoderoso, creador de los cielos y la tierra, no era como los ídolos impotentes (Isaías 40:18-20); que «no se fatiga con cansancio» y fortalece al débil» (vv. 28-29). «Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán» (v. 31).
Nosotros podemos recibir fuerza del mismo «Dios eterno» (vv. 28-29) en quien ellos confiaban. Andemos por fe día a día y un paso a la vez. Al seguir esperando en el único Dios verdadero, Él nos ayudará a caminar, correr y volar para su gloria.
Reflexiona y ora
¿Por qué a veces es difícil hacer las cosas un paso a la vez? ¿Cómo puedes depender de la fortaleza de Dios cada día?
Dios, gracias por fortalecerme paso a paso.
Sábado 4 de julio
Yo apacentaré mis ovejas… Ezequiel 34:15
| La escritura de hoy: Ezequiel 34:1-2, 11-16 | James Banks escribe: |
«¡Un cervatillo quedó atrapado en nuestra cerca!», exclamó Julia a su esposo, Tomás. Él lo liberó con cuidado, pero la madre no aparecía por ninguna parte.
Esa tarde, Tomás vio salir del bosque una manada de ciervos. Una cierva parecía especialmente alerta. Sospechando que podía ser la madre del cervatillo, buscó en su teléfono una grabación del llanto de angustia de un cervatillo y la reprodujo. La cierva comenzó a seguirlo, y él la condujo hasta donde el cervatillo estaba acurrucado. El pequeño comenzó de inmediato a mamar; la libertad había sido alcanzada, madre e hijo se reencontraron, todo gracias al tierno pastoreo de Tomás.
Dios está aún más decidido a cuidar de su pueblo y liberarlo. Israel estaba atrapado en el exilio en Babilonia, pero Él prometió: «Yo mismo voy a ir en busca de mis ovejas, y […] las cuidaré» (Ezequiel 34:11 rvc). Como los líderes habían permitido que fueran «esparcidas» (v. 12), Dios dijo: «buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada» (v. 16).
Los creyentes en Jesús vemos el cuidado supremo de Dios al buscarnos y rescatarnos. «El buen pastor su vida da por las ovejas», dijo Jesús (Juan 10:11). Cuando estábamos perdidos en nuestros pecados y cautivos, nos rescató mediante un gran precio. ¡Celebremos al buen Pastor que nos liberó!
Reflexiona y ora
¿Qué significa para ti el corazón de pastor de Dios? ¿Cómo podrías agradecerle hoy por su cuidado?
Buen Pastor, gracias por amarme y liberarme.
Domingo 5 de julio
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios… 1 Juan 3:1
| La escritura de hoy: 1 Juan 3:1-3, 16-18 | Alyson Kieda escribe: |
Mi nieto cumplía once años y un grupo de familiares se reunió en un restaurante mediterráneo para celebrarlo. Antes de pedir, mi hijo le preguntó al cumpleañero qué quería. Con cierta timidez, le contestó que le gustaría salmón, aunque sabía que era demasiado caro. Su papá le respondió: «Es tu cumpleaños. Si eso es lo que deseas, puedes pedirlo». Mi nieto estaba encantado, ¡y su amplia sonrisa lo reflejaba!
El amor de mi hijo hacia su hijo me recuerda, en menor medida, el amor abundante de Dios. En 1 Juan 3, se describe el gran amor que Dios derrama sobre nosotros: llama hijos suyos a todos los que creen en Él (v. 1), los beneficiarios de su amor sin medida. Este amor se manifiesta en el sacrificio de Cristo, el mayor regalo de todos. Jesús «puso vida por nosotros» en la cruz (v. 16). Somos salvos «por gracia […] por medio de la fe» en Cristo (Efesios 2:8). Este es el don generoso de Dios para todos los que creen.
En respuesta al amor sin límite de Dios, «debemos poner nuestras vidas por los hermanos» (1 Juan 3:16). Se nos llama a poner nuestra fe en acción: amar a Dios y obedecerle, y extender ese amor a los demás. Por medio del Espíritu Santo, Él nos capacita para compartir su amor abundante con nuestra familia y los demás.
Reflexiona y ora
¿Cuándo fuiste receptor de un amor abundante? ¿Cómo puedes extender el amor de Dios a otros?
Salvador amoroso, ayúdame a descubrir cómo mostrar tu amor abundante a otros.